Lunes, 10 Noviembre 2014 09:34

¿Podemos conocer a qué velocidad estamos envejeciendo?

Dra. Mónica De la Fuente. Catedrática de Fisiología. Universidad Complutense de Madrid.

Todos sabemos que el proceso de envejecimiento que experimentamos a partir de la edad adulta, es inevitable. También somos conscientes de que cada individuo envejece a una velocidad determinada, que no siempre es coincidente con los años de vida que se tengan. Es por ello que ya hace unas décadas se instauró el concepto de “Edad Biológica” para definir esa velocidad, siendo la edad biológica mucho mejor que la cronológica para saber cómo cada uno de nosotros está llevando a cabo ese envejecimiento. Por tanto, es muy importante conocerla. 

Y ahora nos surgen dos preguntas: ¿Puedo saber cuál es mi edad biológica? y ¿Para qué me sirve enterarme de esa edad?.  Cuando se ha intentado abordar la primera cuestión los investigadores se han dado cuenta de que no es tarea fácil. Si conocer la edad cronológica es muy asequible pues simplemente tenemos que saber el año de nacimiento, el valorar la edad biológica requiere encontrar parámetros que la indiquen y que además hayan sido validados científicamente. Algunas de las escasas publicaciones al respecto han apuntado a algunos marcadores fisiológicos (como por ejemplo, la presión arterial o la capacidad ventilatoria) o bioquímicos (los niveles de triglicéridos o de colesterol, entre otros) que varían con la edad y que se relacionan con el estado de salud o la posibilidad de tener una enfermedad y morir prematuramente. No obstante, para que unos parámetros realmente sean indicadores de la edad biológica tiene que darse que, además de presentar una buena correlación con la edad cronológica, los individuos que siendo adultos presenten valores de dichos marcadores propios de la vejez, fallezcan antes. Y también, que las personas que lleguen a una elevada longevidad, como es el caso de los centenarios, tengan esos parámetros con valores  propios de la edad adulta. Esa validación la hemos hecho con una serie de marcadores de función inmunitaria. Si bien ya se sabía desde los años noventa que el estado funcional de nuestras células inmunitarias es el mejor indicador de salud que podemos tener, nuestro grupo de investigación ha conseguido demostrar, en las dos últimas décadas, que una serie de parámetros que muestran cómo se encuentran a nivel funcional tales células, son claros indicadores no sólo del estado de salud sino también de la edad biológica. Y así podemos precisar, con un análisis de sangre en el que estudiamos la capacidad funcional de los linfocitos, fagocitos y células natural killer (NK) de una persona, la edad biológica que tiene.

Intentando responder a la segunda cuestión de para qué me sirve enterarme de mi edad biológica, hay que dejar claro que si bien la edad cronológica siempre va avanzando, y el  año  próximo seremos un año más viejos, la edad biológica, al indicar la velocidad a la que se está envejeciendo, puede “rejuvenecerse”. Si ahora tenemos cuarenta años pero estamos envejeciendo a una velocidad propia de la edad de sesenta, debemos saberlo para ponerle remedio, pues lo tiene. En este sentido hay que recordar que la velocidad de envejecimiento depende de la capacidad que tengamos de mantener el estado de salud, y éste depende de los genes, pero sólo en un 25%, y especialmente del estilo de vida (en un 75%). Si modificamos nuestros hábitos (la dieta que tomemos, la actividad física y mental que hagamos, la adecuada “actitud” ante la vida que consigamos, y la eliminación de costumbres poco saludables que tengamos), podremos en unos meses disminuir nuestra edad biológica y así asegurarnos vivir más y mejor, esto es, conseguir una longevidad saludable y activa.

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