Lunes, 27 Octubre 2014 15:09

El insomnio, mucho más que una alteración del sueño

Darío Acuña Castroviejo
Germaine Escames
Instituto Internacional de la Melatonina
Universidad de Granada
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No digo nada nuevo si comienzo este artículo resaltando el elevado porcentaje de la población que sufre alteraciones del sueño o insomnio. Este trastorno conlleva disminución de la calidad del sueño, falta de descanso, incapacidad para dormir, somnolencia diurna, ansiedad, estrés, depresión, etc. En definitiva, un estado de malestar sistémico porque no dormimos bien o dormimos poco.

Uno de los aspectos más importantes que lleva a este estado de trastorno del sueño es lo que llamamos deuda de sueño. Nuestro ritmo sueño/vigilia está filogenéticamente ligado a nuestra actividad diaria y, en general, iniciamos la fase de reposo cuando la luz del día se va apagando (8-9 de la noche), nos acostamos poco después, y nos levantamos cuando se inicia el nuevo día (6-7 de la mañana). Por término medio corresponde a unas 8 horas de sueño. Pero, desde el inicio de la revolución industrial y, sobre todo, desde los últmos 50 años, la cantidad de luz que ilumina nuestras ciudades y nuestras casas ha aumentado notablemente. Esta contaminación luminosa, que es fácilmente observable por medio de las fotos del planeta hechas por la NASA y otras agencias, junto a la iluminación hasta altas horas de la noche en el interior de nuestras casas, el quedarnos hasta tarde viendo la TV, etc., ha hecho que se retrase el inicio del período de reposo de 2 a 4 horas. En consecuencia, ya que por motivos laborales nos levantamos generalmente entre 6-7 am, la conclusión es que tenemos una deuda de sueño de unas dos horas de promedio.

Así que aquí tenemos ya la primera causa de los trastornos de sueño y el consiguiente insomnio. Nuestros genes del reloj biológico funcionan de manera rítimica para conducir todos nuestros ritmos biológicos, endocrinos y no endocrinos, incluyendo lógicamente el ritmo sueño/vigilia. Pero nosotros nos empeñamos en no hacerles caso. La consecuencia es una disfunción del reloj biológico.

¿Cuál es la importancia real del reloj biológico?  El reloj biológico es un conjunto de genes localizados en unos núcleos del hipotálamo que gobiernan todos nuestros ritmos circadianos, entre los cuales destacamos: ritmos de neurotransmisores cerebrales, ritmo sueño/vigilia, ritmos de actividad del sistema inmunitario, ritmos hormonales, ritmos en nuestro metabolismo, etc. Sin entrar en profundidad en su funcionamiento, podemos decir que el reloj biológico está sincronizado con el fotoperíodo a través de señales que le llegan desde unas células especiales de la retina, y que a su vez envía otras señales a la glándula pineal para producir melatonina por la noche. Así que cuando se va reduciendo la luz, empieza la producción de melatonina. Por tanto, si la luz la mantenemos elevada hasta altas horas de la noche, el reloj biológico se descompensa y no hay producción de melatonina. La melatonina es el mensajero químico que usa el reloj biológico para sincronizar los ritmos circadianos; una señal que se produce cada 24 horas por la noche y que llega a todas las células del organismo para sincronizar sus funciones (Figura 1).

Ya podemos sacar algunas conclusiones importantes: el trastorno del sueño va a tener por detrás una alteración de la producción de melatonina, que a su vez refleja un malfuncionamiento del reloj biológico. Las consecuencias: trastornos cognitivos por alteración de los ritmos de neurotransmisores; activación de la inmunidad innata, alteraciones metabólicas y generación de radicales libres, etc. Se sabe hoy en día de la relación entre baja producción de melatonina nocturna y diabetes mellitus tipo 2 (DMT2). Y tambén empezamos a saber la relación existente entre la DMT2 y el desarrollo del Alzheimer, lo que constituye la llamada diabetes mellitus tipo 3. Se empieza a preveer como una amenaza epidemiológica el aumento excesivo de Alzheimer dentro de 20 años debido al aumento actual de la DMT2. Asimismo, la iluminación nocturna y las bajas tasas de producción de  melatonina constituyen factores de riesgo para el cáncer. Es decir, unas relaciones muy peligrosas que se encuentran entre trastornos del reloj biológico por un lado y el trastorno del sueño por otro.

Figura 1. La luz incide en la retina y llega al reloj biológico, localizado en los núcleos supraquiasmátcios (NSQ) del hipotálamo. De allí, la infomación sale hasta la glándula pineal a través de una vía compleja que incluye el núcleo paraventricular (NPV) y ganglio cervical superior (GCS). Sólo por la noche, en ausencia de luz, se envía información a la glándula pineal desde el NSQ para producir melatonina, lo que da lugar a su ritmo circadiano en plasma y líquido cefalorraquídeo (LCR). La melatonina regula a su vez al reloj biológico actuando sobre la retina y el NSQ. El exceso de luz inhibe la melatonina, lo que trae consecuencias adversas sobre el funcionamiento del propio reloj biológico.

Así que las alteraciones del sueño hay que diagnosticarlas y tratarlas, pero hay que analizar qué hay detrás, estudiando el funcionamiento del reloj biológico. SI tratamos el insomnio pero dejamos que el reloj biológico siga funcionando mal, habremos maquillado el problema, que, además, nos causará nuevas alteraciones del sueño. Es, por tanto, imperativo reajustar el reloj biológico, algo que podemos hacer fácilmente pero que, desgraciadamente, no se le presta la atención debida.

Y para terminar, ¿para qué sirve el sueño? Buena pregunta que empieza a contestarse. En un trabajo reciente de Xie y colbs. (Science 2013; 342:373-377), y mediante un curioso método experimental, los autores observaron que cuando  los ratones duermen, aumenta el espacio entre las neuronas ¡más de un 60%!, mientras que cuando están despiertos, disminuye. El aumento del espacio interneuronal permite una mayor capacidad de lavado a través del líquido cefalorraquídeo, eliminando detritus y tóxicos que se acumulan durante la actividad diaria. Huelga decir que si dormimos poco y mal, "lavamos" poco nuestro cerebro.

Concluiremos con aquello de que no dejemos que los árboles nos impidan ver el bosque. Tan afectados estamos por los problemas de sueño que queremos que nos curen el insomnio olvidándonos lo que ya alterado por detrás. Por tanto, diagnosticar y tratar el trastorno del sueño es tan importante como diagnosticar y tratar las alteraciones del reloj biológico. El resultado es que no sólo dormiremos y descansaremos mejor, si no que también mejoarremos nuestra calidad de vida presente futura.

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