Según una nueva investigación las personas que toman leche desnatada en lugar de entera tienen un organismo cuatro años más joven

La leche, a pesar de ser una de las bebidas más consumidas en todo el mundo, puede que haya sido juzgada erróneamente teniendo en cuenta los resultados de un nuevo estudio que revelan su posible papel contra el envejecimiento.

De la leche se ha hablado mucho, para bien y para mal. A favor se considera que es una magnífica fuente de vitaminas y minerales, proporciona también vitamina A, magnesio, zinc y tiamina (B1). Es, además, una excelente fuente de proteínas y contiene cientos de diferentes ácidos grasos, incluidos el ácido linoleico conjugado y los omega 3. De ella se sabe también que protege la salud de los huesos, previene la diabetes, ayuda a aumentar el colesterol HDL, el bueno, lo que reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular e ictus, y mantiene la tensión arterial a raya. En el otro lado de la balanza están las alergias, las intolerancias e, incluso, algún trabajo la ha asociado con un mayor riesgo de cáncer de ovario.

Nuevas evidencias

Si la volvemos a poner en el punto de mira es porque un trabajo, publicado en 'Oxidative Medicine and Cellular Longevity', realizado con 5.834 adultos, englobados en el estudio NHANES Comportamiento Dietético y Nutrición de los CDC de EEUU, por el profesor de Ciencias del Ejercicio de la Universidad Brigham Young, Larry Tucker, encontró que las personas que beben leche baja en grasa experimentan varios años menos envejecimiento biológico que aquellos que beben leche alta en materia grasa (2% y entera).

No es la primera vez que se relaciona la leche con el envejecimiento y, más concretamente, con los telómeros. Un trabajo publicado en 'American Journal of Clinical Nutrition' constata que cualquier cantidad de leche humana en las primeras cuatro a seis semanas de vida se asociaba con tener telómeros más largos en la edad preescolar. El estudio, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de California, en San Francisco, documenta que alimentar a un bebé con leche humana parece reducir la tasa de acortamiento de los telómeros hasta al menos la edad de cinco años.

Los telómeros son los extremos de nucleótidos de los cromosomas humanos. Actúan como un reloj biológico y están extremadamente correlacionados con la edad. Cada vez que una célula se replica, los humanos pierden un poquito de las tapas finales. Por lo tanto, cuanto más envejecen las personas, más cortos son sus telómeros.

Como aclara Ángel Durántez, pionero en España de la medicina antienvejecimiento, "el acortamiento de los telómeros afecta a todas nuestras células, tejidos, órganos y, en definitiva, a todo el organismo. Su longitud va a depender en un momento determinado del llamado ambioma o estilo de vida (tabaco, sedentarismo, nutrición…) y del efecto del entorno sobre nosotros (ansiedad, estrés, contaminación…) ya que van a afectar al estrés oxidativo y la actividad proliferativa celular". "

Fue sorprendente lo fuerte que era la diferencia", ha declarado Tucker. "Si vas a tomar leche con alto contenido de grasa, debes tener en cuenta que hacerlo es predictivo o está relacionado con algunas consecuencias importantes", añade.

La comparación

El científico investigó la relación entre la longitud de los telómeros y la frecuencia de consumo de leche (bebedores diarios versus bebedores semanales o menos) y el contenido de grasa de la leche consumida (baja en grasa 1%, desnatada o alta en grasa 2% y entera).

El estudio reveló que por cada aumento del 1% en la grasa de la leche consumida (beberla con el 2% en comparación con el 1%), los telómeros eran 69 pares de bases más cortos, lo que se tradujo en más de cuatro años en envejecimiento biológico adicional. Cuando Tucker analizó los extremos de los bebedores de leche, los adultos que consumieron leche entera tenían telómeros que eran 145 pares de bases más cortos que los bebedores de leche sin grasa.

Casi la mitad de las personas en el estudio consumieron leche diariamente y otra cuarta parte la ingería al menos semanalmente. Poco menos de un tercio de los adultos informó tomarla entera y el otro 30% al 2%. Mientras tanto, el 10% la consumió al 1% y el otro 17% bebió leche sin grasa. Alrededor del 13% no bebió leche de vaca.

"La leche es probablemente el alimento más controvertido en nuestro país", ha declarado Tucker. Y apostilla: “Pero todos deberían ingerirla más'. Sorprendentemente, también descubrió que los abstemios de la leche tenían telómeros más cortos que los adultos que la ingerían pero en la versión baja en grasa.

El científico ha anunciado que los hallazgos del estudio brindan apoyo a las directrices dietéticas actuales para los estadounidenses (2015-2020), que alientan a los adultos a consumir leche baja en grasa (leche descremada o al 1%), y no entera, como parte de una dieta saludable.

"No es malo beber leche", refrenda Tucker. "De lo que hay que ser más consciente es de qué tipo se consume", concluye.

 

Last modified on Monday, 20 January 2020 16:03
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