Los últimos datos epidemiológicos cifran el linfedema en el 35% de mujeres que ha tenido un cáncer de mama, con un 42% de prevalencia a los cinco años. Se caracteriza por una acumulación de líquido linfático en el brazo, que provoca su hinchazón, afectando a la calidad de vida de las pacientes. Tal y como asegura el Dr. Jaume Masiá, presidente electo de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE) y cirujano plástico especializado en reconstrucción de mama y supramicrocirugía de linfedema, “el linfedema se ha convertido en una enfermedad que nadie quiere ver. Los diversos especialistas corrigen distintos aspectos de la enfermedad que, al final, acaba convirtiéndose en crónica. En no pocas ocasiones esto deriva con la persona afectada tratándose el linfedema en casa”.
Desde esta perspectiva, Dr. Jaume Masiá reivindica junto al Dr. José Román Escudero, presidente del Capítulo Español de Flebología –cuyo XVIII Congreso Nacional se desarrolló la pasada semana en Madrid-, “la implantación de unidades de Linfedema en los hospitales, dotados de equipos multidisciplinares que puedan proporcionar una atención sanitaria de calidad y ofrecer una atención integral en todos los aspectos médicos y psicosociales dentro de la sanidad pública. Es crucial que se realice un diagnóstico, tratamiento y seguimiento de la enfermedad en común”. Hasta la fecha, sólo dos hospitales en toda España tienen activado un sistema de este tipo.
El especialista resalta que “resulta increíble que algunas Comunidades Autónomas se planteen incluir en su cartera de servicios una operación de cambio de sexo y no contemplen la posibilidad de la unidad multidisciplinar de linfedema”. Asimismo considera fundamental conocer la prevalencia y la incidencia del linfedema primario y secundario para que puedan así destinarse los recursos necesarios al tratamiento de esta enfermedad”. Hoy en día el sistema público sanitario no financia la terapia de mantenimiento adecuada a cada paciente, gasto que en la actualidad costea la propia persona afectada.
Los especialistas sugieren, a su vez, que “se revisen algunas prácticas actuales que se utilizan como tratamientos que suponen un peligro o empeoramiento para la salud del enfermo, como son la prescripción indiscriminada de determinados fármacos o la mala utilización de los sistemas de presoterapia”. Los dos actores implicados, médico y paciente, consideran que “debe existir una mayor información tanto para los profesionales de la salud como para el paciente, para poder acceder al tratamiento idóneo lo antes posible, evitando el empeoramiento de la enfermedad, que conduce a un estado irreversible y a un mayor grado de invalidez, lo que puede repercutir negativamente en el acceso al mundo escolar, laboral y en la integración social”.
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