Para llevarlo a cabo, se procedió a comparar el tamaño del ictus y la recuperación en ratones que fueron alterados genéticamente y tratados previamente al accidente cerebrovascular para que se produjese, o no, la neurogénesis. Los autores observaron que los ictus eran un 30% mayores en los animales en los que no se producía crecimiento de nuevas neuronas. En los animales en los que sí crecieron nuevas neuronas debido al tratamiento, se produjo una mejora en la función motora después del accidente cerebrovascular. Aún así, el mecanismo exacto por el que las nuevas neuronas mejoran el resultado todavía es desconocido.
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