Para demostrarlo, estudiaron la religiosidad de distintas personas con tumores cerebrales antes y después de operarles. Las lesiones que produjo la cirugía condujeron a un aumento del sentimiento de autotrascendencia sólo en algunos pacientes. Concretamente, en aquéllos cuyos tumores estaban localizados en determinada región cerebral (parietal posterior).

Cosimo Urgesi, uno de los autores del trabajo y perteneciente al Departamento de Filosofía de la Universidad de Udine (Italia), aclara las posibles implicaciones teológicas de su investigación: "El avance del conocimiento sobre cómo procesa nuestro cerebro los fenómenos espirituales no proporciona ninguna información sobre su existencia".

Urgesi explica que la constatación de que ciertas lesiones cerebrales modulan la autotrascendencia "podría sugerir interpretaciones metafísicas completamente divergentes". "Y esta es la mejor prueba de que nuestro estudio está relacionado con la neurociencia, y no con la teología", añade.

"La espiritualidad es una función compleja intrínseca de la naturaleza humana y los avances en las técnicas de neuroimagen permiten explorar sus fundamentos neurales". Se trata, pues, de ampliar los horizontes del conocimiento en un área que hasta hace poco se consideraba totalmente vedada a la investigación empírica.

Pero aún se puede extraer otra finalidad de carácter más práctico: el tratamiento de algunas enfermedades mentales. Puesto que los sentimientos religiosos constituyen una parte fundamental de nuestra forma de ser y se acaba de comprobar que pueden ser modificados mediante lesiones cerebrales, se abre una vía para el tratamiento de los trastornos de la personalidad. Eso sí, con métodos menos agresivos que la cirugía; por ejemplo, mediante estimulación magnética.

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