En concreto, los autores de la investigación analizaron dos grandes bases de datos de Estados Unidos, una sobre salud adolescente y otra de carácter social en las que se midieron diferentes comportamientos y el cociente intelectual tanto en edad adulta como en niños.

Tras comparar minuciosamente los resultados de ambos estudios, observaron que las personas que daban importancia a la fidelidad sexual en una relación tenían cociente más alto.

Como explicó el autor de este estudio, Satoshi Kanazawa, en declaraciones recogidas por Europa Press, "los hombres inteligentes son más propensos a valorar la exclusividad sexual", un comportamiento que considera una señal de la evolución de la especie.

A su juicio, a lo largo de la historia los hombres siempre fueron "relativamente polígamos", por lo que una relación monogámica supone una "novedad evolutiva", en oposición al hombre primitivo, que era propenso a la promiscuidad.

El autor señala que eso se debe a que las personas más inteligentes serían más abiertas a nuevas ideas y, al mismo tiempo, se cuestionan más los dogmas. De hecho, Kanazawa reconoce que "las personas inteligentes son menos propensas a creer en Dios o a tener puntos de vista conservadores".

Pese a estas conclusiones, el autor del estudio asegura que estos resultados no se pueden aplicar a las mujeres ya que "ellas siempre fueron relativamente monógamas y, por lo tanto, esto no supone una evolución".