En el estudio se dividió a 39 adultos jóvenes sanos en dos grupos, quienes dormían una siesta y quienes no. A mitad de jornada, todos los participantes pasaban por una tarea de aprendizaje que activaba el hipocampo, una región del cerebro que ayuda a almacenar recuerdos basados en hechos. Ambos grupos realizaron la prueba a niveles comparables.
A las dos de la tarde, el grupo de participantes que hizo la siesta durmió durante 90 minutos mientras que el otro permaneció despierto. Más tarde, a las seis de la tarde, todos ellos realizaron una nueva ronda de ejercicios de aprendizaje. Los que habían permanecido despiertos todo el día tuvieron un peor aprendizaje en contraste con aquellos que durmieron que realizaron la prueba mejor y aumentaron su capacidad para aprender.
Matthew Walker, director de estos estudios apunta que estos descubrimientos refuerzan la hipótesis de los investigadores de que el sueño es necesario para limpiar lo almacenado en la memoria a corto plazo del cerebro y dejar paso a nueva información.
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